El ritmo promedio de latidos cardiacos de un adulto es de 60 a 100 latidos por minuto y es uno de los signos vitales principales que los médicos evaluamos en cada consulta. 

Este ritmo es el suficiente para cubrir las demandas de un organismo en reposo o con actividad moderada; sin embargo, obligatoriamente se eleva ante esfuerzos como el ejercicio o inclusive ante eventos de estrés o emociones fuertes que pudiéramos considerar sin importancia; provocando una taquicardia (ritmo por arriba de 100 latidos por minuto), cuyo objetivo es cubrir las necesidades de oxigenación y nutrientes que dichas actividades o respuestas corporales requieren para llevarse a cabo, y que en algunas ocasiones, puede suscitar eventos cardiovasculares de importancia. 

Y es que el estrés o las emociones desbordadas conllevan a la liberación de una hormona llamada epinefrina y conocida coloquialmente como adrenalina, cuya función principal es actuar directamente en receptores propios del corazón para así poder incrementar el número de veces y la fuerza con la cual se contrae.  Y es precisamente la misma hormona que el pasado domingo fue secretada por millones de corazones mexicanos que al unísono vitoreaban el triunfo de nuestra selección nacional. 

Y aunque la descripción anterior suene de lo más interesante, extrapolarla a nivel científico la catapulta a un nivel casi superlativo; acción que realizó un grupo de médicos de Alemania durante el mundial del 2006, al correlacionar los eventos coronarios que se suscitaron durante los partidos de su selección y al compararlos con la frecuencia de eventos cardiacos suscitados fuera de dichos partidos.

Y son ellos mismos, al dar a conocer los resultados en una de las revistas médicas de mayor renombre (The New England Journal of Medicine) quienes afirman: “Se puede establecer que mirar un partido de futbol, puede estar asociado a un estrés emocional intenso, lo que desencadena síndrome coronario agudo y arritmia sintomática”. Conclusión a la que llegaron después de estudiar a 4279 pacientes en los cuales la incidencia de eventos cardiovasculares fue 2.6 mayor durante un partido de futbol. 

No lo podemos negar, el futbol se vive tan intensamente, que el corazón late al unísono de las voces ensordecedoras y vibra con los aplausos alentadores, haciendo la experiencia tan intensa; que en algunas ocasiones genera un colapso que además de emocional, se traduce en un evento coronario que termina por afectar la anatomía de un corazón apasionado.  

 

Dra. Yeusví Maley Flores Cazola

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